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28 de enero de 2018

Ut Pictura Poesis


Este archiconocido tópico cuya máxima difusión se debe a su formulación horaciana, pero cuyo primer testimonio según Plutarco aparece en Simónides de Ceos (556 – 468 a.c.), quien consideraba “la poesía como una pintura que habla y la pintura como una poesía que calla”, fue muy criticado, entre otros, por el ilustre escritor alemán Gotthold Ephraim Lessing (1729 – 1781) en su ensayo “Laocoonte”, basándose en la premisa de que el objeto de la pintura son los cuerpos y el de la literatura (a lo que los clasicistas denominaban, en sentido amplio, poesía) son las acciones.

No pretendo debatir aquí las posiciones que han defendido o denostado los grandes teóricos, pero, desde una visión simplista, me pregunto si realmente merece la pena invertir tanto esfuerzo en establecer límites o señalar divergencias obvias entre las múltiples formas de producir placer estético, cuando lo fascinante, a mi entender, es observar sus relaciones y cómo una manifestación artística, utilice el lenguaje o signo que utilice, nos puede conducir a conocer y disfrutar otras.

Recuerdo que, hace ya más de veinte años, fue la obsesión de Fonchito (uno de los protagonistas de la novela “Los cuadernos de don Rigoberto” de Vargas Llosa) por Egon Schiele quien despertó mi curiosidad por indagar más sobre el pintor vienés, no solo sobre su espectacular e inquietante obra, sobre su poder comunicativo a través de figuras humanas deformadas especialmente sus autorretratos, sobre la profundidad psicológica de las escenas eróticas que reproduce en sus cuadros, sino también sobre la Viena de su tiempo, sobre sus contemporáneos, sobre el expresionismo austriaco, sobre los componentes de la formación que creó, en cuyo manifiesto se defendía la individualidad del artista y que como era de prever el grupo se disolvió al poco tiempo de ser creado—, sobre su gran maestro Gustav Klimt… Qué duda cabe que para poder llegar a entender en profundidad una obra, sea del tipo que sea, es necesario acercarse a todas las particularidades que la envuelven y entre ellas resulta imprescindible conocer las circunstancias que rodean a su autor. 

El caso es que, contagiada por la obsesión de Fonchito, mis pesquisas me llevaron a descubrir todo un cromático abanico de pintores, escritores, músicos… Artistas, todos, cuyas bellas manifestaciones no entendía cómo me habían podido pasar desapercibidas y que avivaron el deseo de visitar el país austriaco por primera vez. A él, Fonchito, le debo la aventura.

La anécdota no sirve más que como una mera muestra, muy personal, de que lo verdaderamente fascinante es observar cómo un artista, utilice el lenguaje que utilice, es capaz de conmovernos tan intensamente. Cómo puede despertar en nosotros emociones que nos llevan a recorrer estadios que ni siquiera nos juzgábamos capaces de transitar.









8 de enero de 2018

Entelequia Cultura



MUY FELIZ de anunciar el nacimiento de Entelequia Cultura®, un proyecto que se ha estado gestando durante los últimos meses con mucho mimo y que ahora sale a la luz, cuyos rasgos generales presento a continuación:

18 de diciembre de 2017

UN FINAL PARA BENJAMIN WALTER de Álex Chico


“Nadie puede escribir hasta que no ha perdido un lugar” afirma Álex Chico en su último libro Un final para Benjamín Walter, obviamente, otorgándole al último término de la frase el sentido más amplio.

Tal vez sea esa particular circunstancia haber perdido un lugar la que también dota al autor de la capacidad necesaria para actuar durante sus viajes, que a posteriori positiva en imágenes narradas, como un auténtico flâneur, galicismo con el que él mismo se define en alguna de sus páginas y como una corrobora que es por medio de la lectura de sus escritos. Una actitud que todo lector de este libro debería adoptar para poder apreciar la inmensa acumulación de detalles, matices, contrastes y huellas que aparecen en la geografía de esta obra que, a simple vista, parecería perderse entre el ensayo, el diario, la crónica de viajes, la novela… , pero que lo cierto es que huye de todas esas etiquetas convencionales sobre géneros literarios porque sabe muy bien hacia donde navega.

Se diría que el libro, atendiendo a esas mismas etiquetas, se sitúa en tierra de nadie, en una región inhabitada, en esa delgada línea a la que tan a menudo alude el propio autor para definir un espacio en el que la presencia de lo ausente se hace tan latente. El mismo “lugar” que ya nos mostró en Un hombre espera, libro que alberga no pocos paralelismos con este. Pero, quizá me equivoque cuántas veces en un escrito ajeno vemos aquello que nuestro universo interior nos quiere mostrar ¿verdad? y que se aleja tanto de lo que otros perciben—. Porque lo cierto es que, tras una lectura atenta, también una se cuestiona si lo que en realidad pretende, y consigue, Álex Chico es novelar a través de aparentes recursos formales utilizados en otros géneros. En cuyo caso sería una de tantas licencias que el autor se podría permitir, como buen poeta que es. 

9 de diciembre de 2017

Desentrañar




Hay una magnífica investigación, “La idea de la ciudad”, del arquitecto e historiador polaco Josep Ryckwert en la que, a través de Tito Livio y otros antiguos autores grecolatinos, se reconstruye el complejo rito que presidía la inauguración de una ciudad, acontecimiento en el que el acto de desentrañar, en sus tres acepciones, era parte fundamental.

31 de agosto de 2017

Réquiem por mí


Observo el infinito vacío que media
entre lo que fui y soy,
ni la palabra, en vano, puede salvar
la irrefrenable distancia.

Se revela la cesura.

El antiguo y nuevo yo
han dejado de rimar.










31 de julio de 2017

Cuando cuento estás solo tú...


No son pocas las ocasiones en las que lo que nos ha llevado a viajar es el deseo de visitar los lugares que previamente hemos leído en un libro, visto en un cuadro o una película. Otras, sin embargo, no viajas para encontrarte con algo, sino que huyes de un tiempo/espacio que te resulta inclemente. Poco importa, entonces, el destino.

Tal vez sea en esas oportunidades, cuando sucede inesperadamente, que un encuentro fortuito realce su belleza a cotas insospechadas.

Cuando me crucé con ella, no conocía la obra “Cuando cuento estás solo tú… pero cuando miro hay solo una sombra” de la artista iraní Farideh Lashai. Título sustraído de un fragmento del poema “La tierra baldía” de T.S. Eliot, que subraya el sentido de la pieza.

9 de mayo de 2017

Polvo en el aire


Mezclado, no agitado. Así es como el poeta sevillano Marcos Matacana Martín nos sirve su “Polvo en el aire”, publicado recientemente por Palimpsesto Editorial y que compila —al parecer— la mayor parte de su creación poética. Un cóctel literario que hay que paladear sorbo a sorbo para poder dilucidar todos sus ingredientes, que no son pocos.

El libro, estructurado en tres apartados, presenta como umbral “Autorretrato”, un poema/carta de intenciones con el que nos invita a adentrarnos en una seudoautobiografía: yo también fui fuerte / y confié en que el tiempo / correría a mi favor / y creí que vivir / valdría la pena / y llegué a pensar / que era un buen tipo / incapaz de hacerle daño a nadie / y mira ahora / en qué me he convertido. Asistimos pues, a través de su lectura, al verseado retrato de una vida en cuya descripción lo propio y lo ajeno se combina con igual intensidad. Con ello, no me refiero a las citas que preceden a cada una de las composiciones que conforman el poemario (que van desde los clásicos grecolatinos hasta los autores más contemporáneos, sin obviar algunos letristas de pop-rock) sino a las abundantes referencias literarias que aparecen entre sus páginas. Guiños de obras de Manrique, Garcilaso, Lope, Góngora, Espronceda, Bécquer, los hermanos Machado, Darío, Rulfo, entre un sinfín de autores universales, que la voz poética descompone para recolocarlos según le conviene a su discurso.