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31 de enero de 2013

El físico femenino en "Libro de buen amor"


Libro de buen amor aparece aproximadamente a mediados del siglo XIV y está considerada como la obra más original de la época. Es un extenso poema creado en su mayor parte en cuaderna vía, aunque mezcla otros tipos de composiciones de arte menor.

También está considerada como la obra más enigmática de toda la Edad Media. En primer lugar por su significado (las hipótesis explicativas al respecto son tantas que resulta difícil por parte de la crítica actual formular una nueva con carácter rígido). Sobre su autoría solo sabemos que fue escrita por un tal Juan Ruiz y que desempeñó el cargo eclesiástico de Arcipreste de Hita. Originalmente fue transcrito sin título y era conocido simplemente por el nombre de Libro del Arcipreste. Después recibió el nombre de Libro de buen amor debido a la frecuencia con que así se le nombra en el propio texto. También hay controversia de opiniones en la crítica respecto al número de redacciones realizadas. Otro de los problemas que plantea la obra, tal vez el más inquietante, es la de su composición literaria ya que contiene diversidad de materiales que están distribuidos de forma dispar: una introducción, un relato amoroso, fábulas y cuentos, disquisiciones didácticas, una paráfrasis del Pamphilus, relatos alegóricos y un buen número de composiciones líricas.

Para Gybbon-Monypenny la intencionalidad del libro es darnos una lección sobre la condición humana filtrada a través de conceptos y modelos literarios. Efectivamente, Juan Ruiz se inspiró en una amplia diversidad de fuentes para la composición de su obra: bíblicas y patrísticas, autores clásicos, literatura ovidiana medieval, fábulas y exempla, la poesía goliardesca, romances y fuentes francesas. También hizo uso de los tratados medievales sobre fisionomía, cuyo influjo se refleja claramente en la obra.

En la Edad Media existía la creencia de que los rasgos físicos eran claros indicios del carácter de una persona. Por este motivo se le prestaba mucha importancia a las descripciones físicas de los personajes en una historia. Incluso en las Ars Poeticae se daban modelos detallados de la técnica de la descripción. La fisonomía se llegó a conocer sobre todo a través de traducciones árabes y se incluía en tratados enciclopédicos. En Libro de buen amor se realizan tres descripciones físicas de personas, dos de las cuales son femeninas: la mujer deseable, según don Amor y la cuarta serrana.

Después de la parte introductoria, se incluye un relato amoroso -en forma autobiográfica- en el que se narran sucesivas aventuras del protagonista que suelen terminar en fracaso. Tras este relato se inicia un debate entre el Arcipreste y Don Amor quien, después de recibir la acusación por parte del primero de cometer todos los pecados capitales, le dará una respuesta explicándole el amor tal y como se entiende en la literatura ovidiana. En este pasaje se realiza la primera descripción física: la mujer deseable, según don Amor.

En líneas generales se describe a una mujer hermosa, joven, de mediana estatura, con los miembros mesurados, rasgos delicados, cabello rubio, piel clara, y sobre todo, con clase social (era un tópico del amor cortés que la gente de baja categoría social no sabía amar). Como rasgos distintivos que, según Dámaso Alonso, parecen reflejar gustos árabes serían los dientes “apartidillos”, las “enzias bermejas”, los “labios de la boca bermejos, angostillos”... Esta teoría fue corroborada por W. Mettmann quien indicó que hay descripciones parecidas en obras traducidas del árabe como La historia de la doncella Teodor.

Teniendo en cuenta estos rasgos físicos, y según lo comentado anteriormente sobre la creencia medieval de que los rasgos eran indicios del carácter de una persona, da la impresión de que el personaje posee un temperamento sensual, con una clara inclinación hacia el amor. Esta impresión la confirma en gran parte los tratados de fisonomía según el libro “Description in Medieval Spanish Poetry” de André S. Michalsky. En la estrofa 446 don Amor resume el significado de la descripción fisonómica:

“En la cama muy loca, en la casa muy cuerda, 
Non olvides tal dueña…”


Y añade, citando al maestro para dar más credibilidad a su discurso: “esto que te castigo con Ovidio concuerda…” Es decir, la mujer de temperamento sensual es la que mejor sirve para el amor y así lo afirma Ovidio. El autor realiza la descripción con una lengua viva y coloquial empleando diferentes usos sintácticos populares, diminutivos afectivos, y otros múltiples recursos que realzan y animan vigorosamente la expresión, entre ellos, como es lógico en toda descripción, abundan los epítetos, adjetivos que acompañan al término “mujer” y a sus sinónimos “dueña” e incluso “vieja”.

Como retrato totalmente antagónico a la mujer ideal de Don Amor se presenta a la Serrana que aparece en el libro cuando el Arcipreste, después de sus fracasos amorosos, se decide a “probar la sierra” y ha de vérselas con las serranas salteadoras. Nos la presenta como un ser sin igual:

“En l’Apocalypsi San Joan Evangelista 
non vido tal figura, nin de tan mala vista, 
a grand hato daría lucha e gran conquista, 
Non sé de quál diablo es tal fantasma quista.”

Todos los rasgos que la describen son antagónicos a los de la mujer cortés: “cabeça mucho grand” contra “de cabeça pequeña”, “cabellos muy negros” contra “cabellos amarillos”, “ojos fondos, bermejos” contra “ojos grandes, fermosos, pintados, reluscientes” y un largo etcétera. La compara, irónicamente, con diversidad de animales: “yegua”, “burrico”, “corneja”, “asno”… dando así claras muestras de su fealdad y de sus malos modales. El autor utiliza nada menos que diez estrofas para describir a una mujer que es el anti-prototipo de la femineidad y por lo tanto indigna para ser amada.

Esta descripción de la mujer coincidiría con la concepción misógina que ya los principales científicos medievales tenían, siguiendo las corrientes médicas y filosóficas de la antigüedad griega y romana, donde se define a la mujer como imperfecta y se la ve como un potencial de crueldad y desprecio. No obstante, Juan Ruiz, como citábamos anteriormente, con su lengua viva y coloquial elabora una descripción con intención irónica y burlona sin ánimo de calificar, en términos morales, al género femenino.

Para concluir diremos que el Arcipreste escribe con desbordamiento apasionado, tanto en los aspectos mundanos de la obra como en los religiosos y morales. En cierto modo, Libro de buen amor es una obra carnavalesca, inducida por el espíritu burlón del carnaval. Un espíritu que invita a gozar de la vida y a cometer transgresiones en lo que se considera serio.

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