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15 de mayo de 2013

Renacer


Presentía que los sonámbulos pensamientos una vez más invadirían mi mente que desde hacía tiempo se había convertido en un recipiente hermético del que en vano intentaban huir. Intuía aquel martilleo en las sienes durante inamovibles horas mientras él, ajeno, yacía a mi lado. Pero esa noche de abril, sin saber muy bien el porqué, no opuse resistencia y tendida en la cama, con los ojos fijos en el techo, los esperé serena. Un halo de luz se filtró por la lúgubre habitación que hasta entonces había sido mi cerebro y, vencidos por la luminosidad, los pensamientos resbalaron inertes como arena entre los dedos. Desde esa región inhabitada, una inmensa paz me acunó hasta sumergirme en un profundo y eterno sueño del que renací con el nuevo día. Fue entonces cuando en silencio le dije adiós para siempre.







6 comentarios:

  1. Gran historia en un breve texto!!!

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  2. Hay que huir de aquellos que nos hunden en la insania. Me ha gustado. Un saludo.

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    Respuestas
    1. Efectivamente. Muchas gracias por tu comentario. Un saludo.

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