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27 de octubre de 2013

Helena, la heroína de las dicotomías




Entre los mitos griegos no solo encontramos dioses, los héroes son protagonistas de gran parte de su repertorio. Se trata de seres semidivinos que generalmente nacen de la unión de un(a) dios(a) y un(a) mortal y son famosos por sus acciones ejemplares.

La primera vez en la literatura universal que vemos actuar y hablar a heroínas es en la Ilíada de Homero, mujeres que posteriormente tendrán una gran tradición en Occidente, desde Andrómaca, modelo de la esposa ideal, hasta Helena, quizá uno de los personajes míticos más difícil de describir.

El mito de Helena ha sido utilizado por muchísimos autores diferentes que lo han ido completando o variando dependiendo de la función que pretendieran darle. Su principal característica es su irresistible belleza, causa fundamental de la desgracia que acompaña al personaje.

Es hija de Zeus y de Leda, aunque su padre putativo será Tindáreo, rey de Esparta. En un momento determinado, tras haber sufrido un primer rapto por parte de Teseo siendo aún una niña, Tindáreo decide organizar unos juegos en los que se presentarán toda una serie de pretendientes entre los que habrá que escoger esposo. Tindáreo obliga a que todos los pretendientes hagan un juramento por el cual se comprometen a acatar la decisión final y a ayudar a mantener el nuevo matrimonio. Esta será la causa por la que la mayoría de los caudillos griegos estarán obligados a combatir en la guerra de Troya.

Finalmente se elige como esposo a Menelao, hermano de Agamenón. El matrimonio pasa una época de tranquilidad hasta que Paris, príncipe troyano, recala en las costas de Esparta. Haciendo gala de la hospitalidad griega, se le acoge de buen grado pero Menelao debe partir y deja a Paris en compañía de su esposa. Aprovechando su ausencia Paris rapta a Helena y se la lleva a Troya. A su regreso el rey espartano pide ayuda a los antiguos pretendientes de Helena que habían prometido su auxilio en el caso de que algo así se produjera. Tiene lugar la guerra de Troya y, tras diez años de asedio, cae la ciudad. Con la victoria de los griegos, Menelao recupera a Helena y regresa de nuevo con ella a Esparta.

Este es grosso modo el resumen del mito de Helena pero los diferentes autores no se han puesto de acuerdo a la hora de describir al personaje, por ello se puede calificar el de Helena como el mito de las dicotomías. La principal que encontramos entre los diferentes autores a través de la literatura griega es sobre su culpabilidad o inocencia. Para algunos Helena es inocente porque ella no podía negarse a marchar con Paris (Afrodita le había concedido a Paris el regalo de obtener la mujer más hermosa y contra el poder de los dioses los humanos no pueden luchar). Otros autores, sin embargo, la hacen culpable al haberse enamorado de la apariencia y de las riquezas de Paris y nos la presentan como un personaje egoísta, únicamente centrado en su propio bienestar.

Otra de las dicotomías es que el personaje de Helena se debate entre dos realidades: la de mujer casada y lo que ello implica de estabilidad y la de mujer eternamente deseada y por lo tanto siempre susceptible de ser una eterna novia.

Helena también navega entre dos realidades digamos de pertenencia geográfica. Es griega de nacimiento pero troyana de adopción. Es hija del rey de Esparta pero una gran parte de su vida la pasa perfectamente integrada en la familia real troyana. No en vano en las distintas manifestaciones literarias se oye a Helena llamar querida suegra a Hécuba y cuñadas a las hermanas de Paris. Y no en toda la literatura griega va a estar clara su postura ante unos y otros: a veces la vemos ayudando a los griegos para que su situación vuelva a ser la que era, pero también presenciamos una postura cercana a su familia troyana.

Como hemos señalado en alguna oportunidad el mito está al servicio del poeta y el de Helena es una clara muestra de ello. Encontramos versiones para todos los gustos...


Pintura de Dante Gabriel Rosseti

20 de octubre de 2013

Safo: nerviosa feminidad

Pintura de Charles August Menguin


La lírica es un género que, como tantos otros, también surge en Grecia. Su nombre deriva de la palabra “lira” porque los poetas se acompañaban de este instrumento musical para la ejecución de sus poemas, aunque también podía acompañarse de otros instrumentos como el aulós, una especie de flauta.

La isla de Lesbos, allá por el año 600 a.c., dio al mundo verdadera poesía lírica de la mano de Safo, quien crea una poesía íntima para ser cantada entre amigos y aunque nace con motivos personales y locales transciende en un todo por su genio y le da valor universal.

El lenguaje de Safo tiene la sencillez de un coloquio diario, apenas usa palabra que no proceda de su habla vernácula pero la selección que hace de ellas las hace implacables, las utiliza como caídas del cielo sin búsqueda ni esfuerzo.

Su nombre, en Alejandría y Roma, padeció enormemente a causa de la extremada ternura que derrochaban sus versos. Versos que gritan las congojas de la pasión desairada, el dolor de la separación, el recuerdo de amores pasados…, tópicos eternos pero expresados con tal sinceridad que dejan ociosas las metáforas. Los hechos que narra hablan por sí con suficiente elocuencia sin necesidad de recurrir a rebuscadas figuras retóricas. Su canto fluye espontáneo, como agua que mana de una fuente...

Hablar de Safo es hablar de nerviosa feminidad, es hablar de excelencia.

Fragmento de uno de sus epigramas:

La luna luminosa
huyó con las Pleyadas;
la noche silenciosa
ya llega a la mitad; la hora pasó, y en vela
sola en mi lecho, en tanto
suelto la rienda al llanto
sin esperar piedad.



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11 de octubre de 2013

Octubre



Por Jordi Rivera






El viento que roza hostil nuestras caras
fríamente nos recuerda
que el verano se hizo cobarde.
Es la hora del adiós,
es la hora azul
(porque las horas tienen color:
el tono de nuestros sentimientos).
Desnudos árboles rodean nostálgicas sensaciones.
El tiempo de amor compartido se nos escurre
irremediablemente entre las manos.
Manos tiernas,
dulces pieles,
suaves emociones:
amor joven.
Nos miramos bajo un enmascarado sol cicatero,
furtivo como un ladrón.
La silueta de nuestros cuerpos esbeltos
abrazados por última vez
rompe la uniformidad de un evocador paisaje
de un verde que se fue,
ahora regado por las lágrimas de esta intrusa
primera mañana de otoño
que también llora nuestra partida.
Melancolía... 
Nuestro amor estival tiene ahora que pisar solitario
caminos alfombrados de hoja seca
y la tristeza se nos vuelve obstinada,
casi amiga íntima.
Es momento de recuerdos fugaces,
es ese vago dolor...
es el tiempo en que nuestras vidas
se cubren con un ligero manto gris.
Es Octubre...



Jordi Rivera (Barcelona)




10 de octubre de 2013

La Resistencia


“Ni el amor, ni los encuentros verdaderos, ni siquiera los profundos desencuentros, son obra de las casualidades, sino que nos están misteriosamente reservados. ¡Cuántas veces en la vida me ha sorprendido cómo, entre las multitudes de personas que existen en el mundo, nos cruzamos con aquellas que, de alguna manera, poseían las tablas de nuestro destino, como si hubiéramos pertenecido a una misma organización secreta, o a los capítulos de un mismo libro! Nunca supe si se los reconoce porque ya se los buscaba, o se los busca porque ya bordeaban los aledaños de nuestro destino.”

Fragmento de "La Resistencia"
Errnesto Sabato









8 de octubre de 2013

Biblioteca del Congreso de los EE.UU.

Fotografía de Carold M. Highsmith

En esta oportunidad dirigimos nuestra atención hacia la Biblioteca del Congreso de los EE.UU (en Washington D.C.), que cuenta con el mayor fondo de todo el planeta.

Su colección incluye más de 30 millones de libros en 470 idiomas, más de 61 millones de manuscritos y la colección más grande de libros raros y valiosos. También guarda el borrador de la Declaración de Independencia y más de un millón de publicaciones del gobierno de los Estados Unidos, un millón de números de periódicos de diferentes partes del mundo de los últimos tres siglos, 500.000 rollos de microfilm, 6.000 títulos de cómics, la colección más grande de documentos legales, películas, cerca de 5 millones de mapas, partituras, 2,7 millones de grabaciones sonoras y más de 13,7 millones de grabados y copias fotográficas. El documento más antiguo es una tablilla de piedra del año 2040 antes de Cristo.

También alberga obras de arte, dibujos arquitectónicos y valiosos instrumentos, como el Stradivarius Betts y el Stradivarius Cassavetti.

La biblioteca está distribuida en tres edificios: el edificio Thomas Jefferson, el edificio John Adams y el Edificio James Madison.

101 Independence Ave SE Washington, D.C., DC 20540 Estados Unidos‎
+1 202-707-5000

Y el acceso a su catálogo