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28 de diciembre de 2015

Don de lenguas


LAMIENDO mis heridas
descubrí las cicatrices
que había olvidado
bajo la piel que nos nace
cuando a veces morimos
y nadie nos entierra.

"Segunda Piel" por Alfonso Brezmes en Don de Lenguas 
(Editorial Renacimiento, 2015)






La dilogía, el juego de significantes o la arbitrariedad del signo lingüístico como denominador común en las composiciones que conforman este delicioso poemario en el que la lengua es palabra pero también instrumento. Y así parece anunciarse a modo de carta de presentación en “Sexo oral”, poema que abre la primera parte del libro: “Te desnudaré de las palabras. / Uno a uno / te iré despojando / de los nombres de las cosas, / desde el Zapato hasta el Alma, / hasta poder contemplarte / tal y como eres. /…” .

Estructurado formalmente en tres partes: “Lenguas vivas”, “Lenguas muertas” y “Ejercicios de lengua” (más un poema introductorio y un epílogo “Fe de erratas”), pero en las tres se versa indistintamente sobre la vida, sobre la creación poética, sobre el y el (des)amor…, entre otros temas de tono existencial que resultan muy cercanos.

Son poemas íntimos, de corta extensión pero intensa significación, poemas que se llegan a sentir en la piel (y en el estómago) como si la voz poética tuviese el don de tocarte con su pluma.

Don de Lenguas es un poemario para saborearlo, sin lugar a dudas.





12 de diciembre de 2015

Jonás


Por Félix Moral



Imagen: "El grito" de Edvard Munch 



Sarah murió en silencio. Como debe ser, calladamente y con discreción. Mentiría si dijera que sentí pena o compasión por aquella alma insulsa y arisca. Apenas nos conocíamos y, durante los casi tres años que estuvimos juntos, ninguno de los dos hizo el menor esfuerzo por acercarse al otro. En un mundo repleto de gente ni siquiera nos hubiéramos mirado, pero en lo que queda de éste no tuvimos más remedio que compartir cama y angustia.

Sarah murió en mis brazos sin haber conocido palabra amable o caricia por mi parte. Tampoco ella me dedicó sonrisas o arrumacos ni tuvimos, en casi mil días, ninguna conversación que fuera más allá de un par de frases o despectivos gruñidos. Nuestra vida juntos fue como nuestro primer encuentro, forzada y extraordinariamente casual.

Coincidimos en Viena tras el apocalipsis. Creo que a la madre naturaleza se le agotó la paciencia y decidió exterminar a la especie humana. No fue poético y ni siquiera dio tiempo a que fuera trágico. Enfermamos y morimos. A lo bestia. En apenas dos días no quedaba nadie. La persistente humanidad desapareció en cuarenta y ocho horas. Y al parecer nosotros éramos los únicos supervivientes.

Cuando nos vimos por primera vez, en mitad del bulevar de Ringstrasse, nuestras caras se iluminaron. Descubrir que no estábamos solos fue una bonita sorpresa. Aunque aquella reparadora sensación duró muy poco. Nos abrazamos llorando, gimiendo y gritando, pero en cuanto nos miramos supimos que el destino nos la estaba jugando sin ningún reparo. En sus ojos descubrí lo que ella en los míos, un insultante vacío. Nos despreciamos desde el primer día, pero seguimos vagando juntos por la ciudad. No hablábamos, pero por la noche dormíamos pegados para soportar mejor el miedo a la soledad.

Llevábamos casi tres años huyendo del silencio cuando Sarah me dejó. Han pasado dos días y su recuerdo sigue siendo tan intrascendente como lo fue su presencia. Pero la echo de menos. Echo de menos su olor, su oscura mirada, su odio, su ira y su dolor. Vivir el final de los días con ella fue una suerte de absurda ironía, pero seguir en este mundo sin Sarah se me antoja imposible e insoportable.

Por eso he decidido suicidarme. Moriré en silencio, como ella. Moriré con la esperanza de que, si hay vida después de la muerte, Sarah estará allí, esperándome, abrazándome con su indiferencia y mordiendo mis labios con la rabia del amor que no pudo ser.


*  *  *

Félix Moral es autor de una fabulosa novela "Voyagers" cuyo manuscrito ha tenido la deferencia de compartir conmigo. Espero poder hablar (escribir) sobre ella en cuanto se la publiquen, circunstancia que estoy convencida de que sucederá en breve.





4 de diciembre de 2015

Espiral





Una camina y camina. Cree que avanza hasta que un día le falta el aire de tanto andar sobre el mismo suelo. Entonces se detiene. Se detiene y cierra los ojos. Cierra los ojos e inhala. Inhala y mastica el polvo que le cubre la boca. Y siente sed, pero la cantimplora que le cuelga del cuello hace mucho tiempo que está vacía. La necesidad de agua es lo que la obliga, por fin, a desviarse del árido camino por el que han circulado sus días.

Pero la búsqueda no resulta fácil. Hay que nadar a contracorriente, hundirse en pozos profundos, revolcarse en putrefactas ciénagas de lágrimas, empaparse en sudor. Buscar, buscar y buscar hasta encontrar la fuente en la que beber sin que te duela la barriga.

Después, cuando siente que llega la calma, apoya la espalda a la sombra de un pino y observa contemplativa el camino que ha abandonado. Ve pasar uno a uno a los personajes que protagonizaron su vida. Actores distintos repitiendo el mismo papel. Remake tras remake con sutiles cambios en el guión. Uno cubriendo con pétalos de rosas la entrada, otro pintando los barrotes de oro, todos abocados al mismo fin: enjaular al pájaro. Y cuando el pájaro le ve la boca al lobo, asustado, alza el vuelo. Huye del nido para caer, con el tiempo, en las garras de un nuevo depredador.

“Hubiera tenido que volar más alto para haberlos visto venir”, se lamenta inútilmente. Cree haber entendido el problema y que no volverá a cometer el mismo error pero lo cierto es que seguirá aleteando, alzándose apenas unos metros del suelo. Aún no sabe que el alquitrán que tiene incrustado en el cuerpo le seguirá impidiendo elevarse más. Mancha negra milenaria que pesa una eternidad. Y vuelve a la lucha. De nuevo se rompe las uñas escarbando en la lúgubre cueva de su pasado en busca del candil que ilumine el camino para no volver a tropezar.

El deseo de encontrar a una imaginaria raza nueva la llevará a navegar por territorios desconocidos. Cuando piense haberla encontrado se mezclará con ella. Los aborígenes la invitarán a café y mientras miran su escote le hablarán del inevitable desgaste conyugal que los lleva a frecuentar el país de las mariposas. Se fundirá con ellos bajo clandestinas sábanas blancas. Se mimetizará y durante un tiempo sentirá el viento fresco en la mejilla hasta que los vaivenes de la montaña rusa de las emociones en una sacudida la lancen al vacío.

Entonces llegará de nuevo la duda y tras ella el regreso a la cueva para volver a salir aleteando hacia su hábitat de reivindicada, o ciegamente autoimpuesta, libertad.

*  *  *

Tándem:

Ilustra: Roger Velàzquez
Escribe: Rita Rodríguez

Esta es una versión reducida del texto, y la ilustración, que hemos enviado a un concurso para equipos creativos. El lema común era "la lucha contra el monstruo" y el elemento visual que debía aparecer en la ilustración "círculo vicioso". No hemos ganado pero nos hemos divertido muchísimo.



24 de noviembre de 2015

Albada



Cuando tu feraz cuerpo se deshace
en líquidas sustancias,

cuando al amanecer en tu deriva encuentro
fragmentos de mí mismo naufragados
y a tientas vuelvo a tus entrañas

en la oscura raíz del sueño siento
con qué puro poder puedes llamarme.

José Ángel Valente




21 de noviembre de 2015

Rebeldía femenina



Ser rebelde lleva la vida entera,
borrarte los privilegios de la piel,
inscribirte en la soledad del desacuerdo,
dejar atrás a los usurpadores.
No hay premio a una rebelde
más allá de poder regar sus flores en el tiempo que apropia,
salir a dar de comer a las aves una mañana donde el capital devora,
sonreír con los dientes maltrechos ante la desventura del desayuno,
ser indigente en la casa que nadie sueña.
Las rebeldes saben de qué están hechos los premios,
rechazan los mendrugos que lanza la mano del opresor.
Una rebelde tiene como único premio la vida,
porque de ella nadie se apropia,
en ella nadie la usurpa,
porque es la única tierra propia de cada rincón donde duerme.
Su rebeldía alcanza siempre a cobijar el
desánimo del progreso
y si de paso una rebelde tiene la alegría
en soledad, ha vencido al mundo.


Doris Lessing (Irán, 1919 - Londres, 2013)



19 de noviembre de 2015

El mito de las edades



El historiador Hesíodo en su largo poema El trabajo y los días, intentando concebir la historia de la humanidad, nos cuenta que los dioses crearon cinco edades. Simbólicamente cada edad pertenece a las características de un metal y de su lectura se desprende que cada tiempo pasado fue mejor.

Resumiendo mucho, nos dice que primero crearon la edad de Oro. En ese tiempo los seres humanos desconocían el trabajo y la vejez, la vida era puro deleite y la muerte llegaba como un dulce sueño. Estos seres acabaron convirtiéndose en démones que vigilaban la tierra y protegían a los humanos. La edad siguiente, la de Plata, los seres eran inferiores tanto en aspecto como en mente. Eran inmaduros (criados por sus madres durante cien años) y vivían poco porque su insensatez hacía que se pelearan entre ellos. Zeus acabó eliminándolos porque no le rendían culto. Más tarde creó la edad de Bronce, marcada por su enorme violencia. Los seres humanos eran una raza guerrera que solo se ocupaba de las obras de Ares (dios de la guerra). Tenían mucha fuerza y unas manos invencibles que les crecían de los hombros. Todo lo que les rodeaba (armas, herramientas, casas…) era de ese metal. Acabó exterminándose a sí misma por su enorme violencia, no hizo falta la intervención de los dioses. Durante la edad de los Héroes, aunque también eran guerreros como los de la edad de bronce, los seres eran mejores y por eso se ganaron la gloria. Algunos murieron en guerras, como la de Tebas o la de Troya, pero Zeus les concedió una vivencia ultraterrena en las Islas de los Afortunados (en los confines del mundo) junto a Océano.

La edad de Hierro es la época de los hombres actuales (dice Hesíodo en el año 700 A. C.), tiempos en los que se sufren miserias, fatigas y en los que los dioses proporcionan enormes preocupaciones. Aventura el autor que Zeus también destruirá esta raza porque se acabará perdiendo el respeto, la piedad y existirán toda clase de acciones ruines.

A la vista de los acontecimientos, parece que falta muy poco para que tengamos una nueva edad. ¿Tal vez la de plástico?



"La larga marcha de la humanidad", acrílico sobre tela (Luis Miguel Valdés)



15 de noviembre de 2015

Retrovisores


NIEVE

Comenzó a nevar en la habitación
cubriendo cada libro,
algunos discos,
tu blusa y la cama.

Poco a poco
copo a copo.

Y fueron calmando
todos los asuntos pendientes que telerañan la cabeza.

Poco a poco
copo a copo.

Un embozo al jaleo,
un fundido en la escena del crimen.
Y cada copo disimuló un reproche.
Y cada copo tapó una boca.

Blanco sobre barro
y objetos
que habían pasado a ser historias.

La nieve lo cubrió todo.
Desaparecieron las formas y los rincones
y nada volvió a oírse en aquella habitación.

Y, sólo entonces,
nos callamos para siempre.


Guille Galván (guitarrista de Vetusta Morla) en su poemario "Retrovisores", editado por Bandaàparte Editores bajo Licencia Creative Commons.




La presentación del poemario en Barcelona fue el miércoles pasado en la Biblioteca Manuel Arranz del Poble Nou, a cargo de Antonio de Egipto (editor), Paula Bonet (ilustradora) y Santi Campos (guitarrista de Amigos Imaginarios y autor del poemario El hombre cometa y la mujer curvada, publicado por la misma editorial).



Guille Galván, Paula Bonet y Antonio de Egipto




Santi Campos y Guille Galván







Fotografías de BlogeRRe


10 de noviembre de 2015

La pequeña muerte



‹‹No nos da risa el amor cuando llega a lo más hondo de su viaje, a lo más alto de su vuelo: en lo más hondo, en lo más alto, nos arranca gemidos y quejidos, voces de dolor, aunque sea jubiloso dolor, lo que pensándolo bien nada tiene de raro, porque nacer es una alegría que duele. Pequeña muerte, llaman en Francia a la culminación del abrazo, que rompiéndonos nos junta y perdiéndonos nos encuentra y acabándonos nos empieza. Pequeña muerte, la llaman; pero grande, muy grande ha de ser, si matándonos nos nace.››

"La pequeña muerte" en El libro de los abrazos de Eduardo Galeano.






4 de octubre de 2015

Mujeres y libros


«Obscena, impúdica, lasciva, indigna, indecente y repugnante». Así tildaron a Ulises la “obra del siglo” del irlandés  James Joyce. Obra rechazada por muchas editoriales, entre ellas la Hogarth Press (de Leonard y Virginia Woolf), y que probablemente no se hubiese publicado en formato libro de no ser por la valentía de Silvia Beach, propietaria de la librería parisina Shakespeare and Company.





De lo ruinosa en términos económicos que acabó siendo la “osadía” para Silvia Beach y de cómo previamente otras mujeres  que también confiaron en la obra de Joyce  acabaron en los tribunales, acusadas de publicar pornografía, nos da cuenta Stefan Bollmann en su ensayo Mujeres y libros. Una pasión con consecuencias, editado por Seix Barral.




Bollmann intenta que el binomio “mujeres y libros” sea abarcador y escribe sobre mujeres lectoras, mujeres escritoras, mujeres editoras, mujeres protagonistas de libros… Un paseo de casi tres siglos de relación entre las mujeres y la literatura universal, si bien los ejemplos los limita a la literatura alemana, británica, francesa y estadounidense. Significativo ¿verdad?

El libro, compuesto por 16 capítulos más un prólogo, está estructurado en cuatro partes. La selección del protagonista de cada capítulo no es casual sino que cada uno de ellos, por un motivo u otro, está vinculado con su precedente. Por eso, por ejemplo, cuando nos habla de Joyce y de su Ulises aparecen los motivos por los que Virginia Woolf (protagonista del capítulo anterior) no le publicó su libro. De esta forma el autor consigue que su ensayo se lea como si se tratara de una novela. Y no solo por eso sino por la multitud de anécdotas que a modo de relatos nos cuenta sobre ellos.

La andadura se inicia en el año 1750 con Klopstock (autor de El Mesias) como protagonista y nos habla de cómo a través de la declamación de su largo poema consigue que las mujeres se enamoren de él. Sigue con Richardson quien se valió de la propia correspondencia mantenida con sus lectoras para su famosa novela epistolar publicada por entregas. Pasa por Mary Wollstonecraft, una mujer que hace reseñas de libros y que se preocupa por el derecho de la mujer a la educación, por Jane Austin, Mary Shelley, Flaubert y su Madame Bovary, Sunsan Sontag…, incluso nos presenta a la sexsymbol Marilyn Monroe como una lectora empedernida. Su paseo culmina hablando del superventas 50 sombras de Grey, cuya génesis se debe a la fanficción.

Bollmann  escribe sobre cómo la recepción de la literatura (lectura) se entendía como disfrute de la vida más que una fuente de conocimientos. De cómo las veladas literarias dotaron de voz y estatus social a la mujeres que no tenían acceso a la formación académica. De cómo, más tarde, las novelas constituían una forma de autoconocimiento liberadora y que eran leídas como mensajes de la vida para la vida. De que la literatura se toma como una verdad absoluta y de cómo las mujeres quieren imitar a sus heroínas. De que los editores se dan cuenta de los intereses de las mujeres y empiezan a publicar libros de autoras (momento en el que empieza el criterio analítico), de que en el año 1800 publicaban más mujeres que hombres y por qué todo eso cambió, entre otras muchas cosas más.

Sobre cómo lo hace solo diré que Bollmann, explícitamente, se manifiesta a favor de la literatura de masas. Es, además de escritor, un astuto editor y sabe que, según las estadísticas, actualmente las mujeres leen más que los hombres. Escribir un libro sobre su vinculación con la literatura, de la forma en que lo hace, le garantiza un cierto éxito  y cree que si a cada capítulo le añade una pizca de contenido erótico (lo erótico vende, afirma él mismo en uno de los capítulos) el éxito está garantizado. Por eso es un condimento que ha intentado no obviar en su libro, aunque tratándose de un ensayo se ha limitado a darnos cuenta de ciertas aventuras amorosas de algunos autores, vinculadas con la génesis de sus obras, o a las prácticas bisexuales de otras, que dígase de paso son bien conocidas por todos y no aportan absolutamente nada a la temática del libro.

No obstante, no negaré que se trata de un libro ameno que se lee de una tirada aunque tenga más de 400 páginas, bien documentado y que aporta una visión generalizadora de la discriminación que ha sufrido la mujer a lo largo de la historia y de cómo, de alguna forma, la literatura ha influido en su, digamos, "despertar a la vida".


[Publicado en la revista Culturamas]

6 de agosto de 2015

The pillow book






'When God made the first clay model of a human being, he painted the eyes, 
the lips, and the sex.
And then He painted in each person's name lest the person should ever forget it.
If God approved of His creation, he breathed the painted clay-model into life by signing His own name.'



Textos poéticos escritos con tinta en la piel como metáfora de aquello que se adhiere por y para siempre en nuestra memoria. El aprendizaje de la vida mostrado con el símil del amor por la escritura. The pillow book es una historia iniciática en la que la protagonista logra pasar de ser soporte a ser el instrumento de escritura. Un camino de crecimiento personal que irremediablemente cruza los senderos del amor, los celos, la venganza…

Conmovedora, con mucha carga sensual tanto a nivel visual como auditivo, y nada convencional como tampoco lo es el lenguaje cinematográfico que utiliza su director, Peter Greenaway.




No tengo suficientes conocimientos sobre cine como para poder argumentar si una película es buena o mala técnicamente, lo que valoro son las emociones que experimento al verla. Si eso sirve de algo, mi consejo es que no os la perdáis.



Imágenes: fotogramas de la película

9 de julio de 2015

Avui les paraules





Avui les paraules 
no se’ns quallen a la 
boca.
Cauen com fulles, 
mortes, 
deixalles de sentiments 
i d’esperances.


Montserrat Abelló (Tarragona 1918 - 2014)

* * * 


Hoy las palabras
no se nos cuajan en la
boca.
Caen como hojas,
muertas,
desechos de sentimientos
y de esperanzas.


Traducción (libre) al castellano




Fotografía de autor anónimo (libre de derechos)


27 de junio de 2015

Papá no llora


Le basta oír “es hora de dormir” para irse a la cama. Ya ni siquiera recurre a la zalamería con la que conseguía alargar sus juegos. Nada es como antes, ahora todo sabe a limón. Como cada noche, mira ensimismado la cara de su madre congelada en el papel mientras el eco “tenemos que ser fuertes” retumba persistente en sus oídos. Cuando el padre entra por sorpresa en la habitación lo encuentra aún despierto: ¿no tienes sueño? El niño, imitando los gestos de él, se traga el sollozo mudo y niega con la cabeza. El padre se acerca para arroparlo y repara en lo que semioculta bajo las sábanas. Las miradas nubladas se cruzan. El silencio se ensancha. ¿Te ha vuelto a entrar polvo en los ojos, papá?, logra balbucear al fin. Sí, miente. 


* * * 

Esta es mi pequeña colaboración en el nº 38 de la revista "Narrativas" (Pág. 86). Desde aquí les hago llegar mi agradecimiento.



26 de junio de 2015

Derrumbando torres de marfil


«Cuando alguien me preguntó, hace ya muchos años, ¿piensa usted que el poeta debe escribir para el pueblo, o permanecer encerrado en su torre de marfil era el tópico al uso de aquellos días consagrado a una actividad aristocrática, en esferas de la cultura solo accesible a una minoría selecta?, yo contesté con estas palabras, que a muchos parecieron un tanto evasivas o ingenuas: “Escribir para el pueblo decía mi maestro ¡qué más quisiera yo! Deseoso de escribir para el pueblo, aprendí de él cuanto pude, mucho menos claro está de lo que él sabe. Escribir para el pueblo es, por de pronto, escribir para el hombre de nuestra raza, de nuestra tierra, de nuestra habla, tres cosas de inagotable contenido que no acabamos nunca de conocer. Y es mucho más, porque escribir para el pueblo nos obliga a rebasar las fronteras de nuestra patria, es escribir también para los hombres de otras razas, de otras tierras y de otras lenguas. Escribir para el pueblo es llamarse Cervantes, Shakespeare, Tolstoi… Es el milagro de los genios de la palabra. Tal vez alguno de ellos lo realizó sin saberlo, sin haberlo deseado siquiera. Día llegará en que sea la más consciente y suprema aspiración del poeta. En cuanto a mí, mero aprendiz de gay-saber, no creo haber pasado de folklorista, aprendiz, a mi modo, de saber popular." [...]»

Parte del discurso pronunciado durante la clausura del II Congreso Internacional de Escritores, en Valencia, por Antonio Machado (a quien fui a visitar hace unos días en Colliure). 

* * *

Nicho, cedido por una vecina, en el que reposan sus restos y los de su madre, Ana Ruiz, en el pequeño cementerio de la localidad francesa.


"Y cuando llegue el día del último viaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje, 
casi desnudo, como lo hijos de la mar." 


Hotel Bougnol-Quintana, en el que se hospedaron a su llegada, esperando una ayuda que no llegaría a tiempo. A los veinticinco días el poeta murió. Tres días después lo haría su madre, quien lo acompañó en su viaje hacia el exilio.



El mar que los acompaña.




Machado, a su muerte, dejó mucha obra inédita entre la que destaca "Los complementarios", textos escritos entre 1912 y 1924. En ellos el poeta explica el proceso creador, la utlización de sus fuentes, impresiones momentáneas sobre los temas que le preocupaban... Son textos importantes por su sinceridad al tratarse de notas personales escritas sin el pudor que conlleva la letra que se ha de publicar. 


20 de junio de 2015

Entre Escila y Caribdis



«¿Recuerdas aquel ratón moribundo? Una voz deshilachada. Sí, le digo. ¿Lo recuerdas? Mi padre, con los restos de su voz de siempre. Sí, le digo. ¿Lo recuerdas? Sí. Ahora es mi voz la que se fragmenta. Y mi memoria rescata la imagen de mi padre tocando el ratón con el pie para ver si aún vivía: un cuerpo indefenso estremeciéndose. Y entonces mi padre que clava la mirada en el pequeño animal, lo rodea nervioso, niega con la cabeza repetidamente. Lo que sigue es el chasquido del cuerpo indefenso contra una tapia. ¿Y aquella paloma? Sí, también. Y la memoria recupera variaciones de lo mismo: la paloma y su cuello medio quebrado, mi padre mirándola primero, rodeándola y negando con la cabeza después, cogiendo una barra de hierro. Y mi mano estirándole el brazo, que no lo hiciera. Su voz musitando que debía hacerlo. ¿Lo entiendes, verdad? Sí, claro.  Y ahora soy yo quien fija la mirada en un cuerpo indefenso, quien niega con la cabeza repetidas veces, quien empieza a rodear nervioso la cama donde mi padre suplica ser aquel ratón o aquella paloma de hace treinta años».


Del libro de microrrelatos "El oscuro relieve del tiempo" de Iván Teruel Cáceres (Edicions Cal·lígraf).







14 de junio de 2015

1984


“─La destrucción de palabras es muy hermosa. Por supuesto, lo que más sobran son verbos y adjetivos, pero hay cientos de sustantivos de los que se puede prescindir. Y no solo por los sinónimos, sino también por los antónimos. Al fin y al cabo, ¿qué justificación tiene una palabra que no es más que lo contrario de otra? Cualquier palabra incluye a su contraria. Fíjate, por ejemplo, en la palabra «bueno». Si tenemos esa palabra, ¿de qué nos sirve «malo»? «Nobueno» es igual… incluso mejor porque es exactamente el contrario mientras que la otra no lo es. O, si lo que quieres es reforzar la palabra bueno, ¿para qué queremos toda una serie de palabras vagas e inútiles como «excelente», «expléndido» y otras parecidas? «Masbueno» ya significa eso, o «doblemasbueno», si quieres algo aún más claro. Por supuesto que ya usamos todas esas formas, pero en la versión final de la nuevalengua serán las únicas. Al final todo el concepto de la bondad se limitará a seis palabras en realidad una sola. ¿No ves lo hermoso que es, Winston? La idea original fue del Hermano Mayor, claro añadió pensativo.”

Fragmento de “1984”, del lúcido y visionario George Orwell.





18 de mayo de 2015

A propósito del haiku



Llevo un tiempo leyendo sobre el haiku y he de admitir que está siendo muy gratificante a pesar de las divergentes teorías que estoy encontrando en torno a él. Algunos vinculan su origen con el haikai, una tradición japonesa originaria del siglo XV que consistía en reunir a varios poetas que, a modo de divertimento, componían breves poemas que se iban encadenando hasta conformar uno solo que podía constar de hasta cien versos. Parece que los versos iniciales ("hokku") de esas composiciones empezaron a valorarse y a funcionar por sí solos. Más tarde se les acabó llamando haiku. Otros, sin embargo, lo vinculan con el Katauta, breve poema que oscilaba entre la pauta 5-7-5 y 5-7-7, nacido en el siglo XVI, y que poco a poco se fue asentando en la forma 5-7-5.

Dejando de lado la forma y centrándonos en el contenido, según afirman algunos estudiosos occidentales, lo verdaderamente importante es que el haiku ocurra ante el poeta. Es decir, que "no puede ser imaginado ni elaborado en abstracto". Y añaden que "lo que se pretende es plasmar la existencia tal como es para transmitir así su misterio sin tener que explicarlo". Higginson y Harter coinciden en este aspecto: “Cuando escribimos un haiku estamos diciendo: resulta difícil contarte cómo me siento. Si comparto contigo el suceso que me hizo caer en la cuenta de lo sentido tal vez tú sientas también algo parecido”.

Pero esto es solo una parte, hay toda una filosofía detrás del haiku y de ahí que encontremos severas críticas hacia quienes lo han cultivado sin respetar sus “reglas”, como la que hace Haya Segovia (por citar algún ejemplo) a propósito del libro escrito por Mario Benedetti, Rincón de Haikus (1999), sobre el que señala que “en el mejor de los casos es una falta de respeto a la civilización japonesa y en el peor un mamarracho literario”. Si bien Haya Segovia critica casi todo lo que no haya escrito él sobre el haiku. 

En fin, yo sigo leyendo y mientras tanto os dejo uno de Tan Taigi (1709-1771) que me encanta:


Luciérnaga en vuelo
¡mira! Iba a decir, pero
estoy solo



Fotografía de autor anónimo (libre de derechos)


6 de mayo de 2015

Manos



Manos que andan…
Que acarician la fuente en la que beben.
Que se aferran,
con bisoños pasos,
a los dedos que las aguantan.
Unidas,
las de la madre y las de la hija,
si el miedo visita en las noches apaisadas.
O al cruzar la calle.
Unas sobre las otras
dirigiendo el danzar del pincel.
Temblorosas
cuando ya
solas
sostienen el poema que leerán en voz alta.

Manos menudas que no volverán.
Como a los gusanos de seda
les crecieron alas.


A Irene, en el día de su cumpleaños



23 de abril de 2015

Contracanto





Te extraño a toda hora.
Cuando llegas, te extraño más aún.
Porque vienes sin ti,
sin aquello que eras.
Lo que amo.


Abigael Bohórquez








(Acuarela de Cate Parr)

21 de abril de 2015

Los eruditos a la violeta



 Martes. Segunda Lección: Poética y Retórica
¿Qué os parece que es la poesía? ¿Habéis creído acaso que sea una facultad digna de que la cultiven los mayores ingenios? ¿Acaso os hace fuerza que algunos de los primeros filósofos, historiadores, y legisladores hayan escrito sus sistemas, sus anales, y sus preceptos en verso? ¿Os espantaréis por eso, y pronunciaréis con algún aprecio los nombres y obras de los principales poetas? Desechad esa pusilanimidad, y aprended de mí a rajar de alto abajo, y hacer astillas todo el monte Parnaso.
Decid poco de los poetas griegos. Bastará que repitáis: ¡Qué imaginación la de Homero! ¡Qué sublimidad la de Píndaro! ¡Qué dulzura la de Anacreonte! ¿Sin Homero qué hubiera sido Virgilio? O bien tomando la contraria con un moderno famoso, diréis: ¿Qué mérito tiene Homero sino la mucha invención, aunque con la pobreza de repetir unas batallas tan parecidas las unas a las otras, y de fingir unos dioses tan parecidos a los hombres en delitos y flaquezas? […]
"Los eruditos a la violeta", José Cadalso

 "Los eruditos a la violeta" se publicó en 1772 bajo el seudónimo de Joseph Vázquez. Se trata de una sátira en contra de los escritores petulantes que presumen de erudición y poseen formación escasa y superficial. Está escrita en forma de siete lecciones, una para cada día de la semana. Tuvo un éxito rotundo y de ahí que le siguiera un suplemento. Más tarde Cadalso también escribiría "El buen militar a la violeta", siguiendo el mismo método, obra que sin embargo no vio publicada en vida.



19 de marzo de 2015

En pocas palabras



fortuito, ta.
(Del lat. fortuītus).
1. adj. Que sucede inopinada y casualmente.
2. La forma en que lo conoció.

melifluo, flua.
(Del lat. melliflŭus, que destila miel).
1. adj. Dulce, suave, delicado y tierno en el trato o en la manera de hablar.
2. Él

elocuencia.
(Del lat. eloquentĭa).
1. f. Facultad de hablar o escribir de modo eficaz para deleitar, conmover o persuadir.
2. Lo que la cautivó.

efervescencia.
(Del lat. effervescens, -entis, efervescente).
1. f. Agitación, ardor, acaloramiento de los ánimos.
2. Síntoma en el estómago.

inefable.
(Del lat. ineffabĭlis, indecible).
1. adj. Que no se puede explicar con palabras.
2. Sus cuerpos unidos.

ensoñación.
1. f. Acción y efecto de ensoñar (ensoñar: soñar o imaginar)
2. Demasiado bonito para ser real.

efímero, ra.
(Del gr. ἐφήμερος, de un día).
1. adj. Pasajero, de corta duración.
2. Fin de la historia


Publicado en la antología "Amor / Desamor" de Brevilla, revista de minificción, 2016





Pintura de Edward Hopper.





15 de marzo de 2015

Técnicas de iluminación





"El papel del artista es realizar preguntas, no contestarlas." afirmaba Chéjov. Y eso es precisamente lo que consigue Eloy Tizón con sus Técnicas de iluminación, publicado por la editorial Páginas de Espuma. 

Un libro compuesto por diez cuentos sobre los que resulta muy difícil –casi imposible- realizar una sinopsis porque en la mayoría de ellos no hay trama, es decir, no hay una sucesión de sucesos. Pero sí hay una sucesión de sugerencias que invitan al lector a discernir sobre los universos que intenta retratar. Sí hay una sucesión de imágenes, de luces y sombras. Sí hay metáforas brillantes; enumeraciones que nos dan cuenta, a modo de inventario, de lo real; símbolos (con los que arma buena parte de sus cuentos: un huevo, una maleta, una caja que no se puede abrir, un nombre escrito en un papel doblemente subrayado); binomios precisos, superposiciones... Toda una serie de recursos con los que el autor consigue que prestemos atención a cada una de las palabras que escribe. Y es que precisamente es ahí donde radica la emoción de leer “Técnicas de iluminación”: leer palabra por palabra, sin perderse ni una, como si fuera poesía.

"Triste pero forzoso es admitir que los besos no recibidos han hecho más por la literatura que los besos recibidos."  (en el relato “Merecía ser domingo” de Técnicas de Iluminación).

6 de marzo de 2015

Tres motivos para NO leer


"La lectura debe ser una de las formas de la felicidad y no se puede obligar a nadie a ser feliz" sentenciaba acertadamente Jorge Luis Borges. Todos sabemos que no hay nada más contraproducente que obligar a leer a quienes no tienen el hábito. Aun así, padres, profesores y educadores –entre otros- intentan aleccionarnos sobre los beneficios de la lectura. Existe también esa clase de personas que viven apasionadas por las letras, que se vanaglorian de su devoción e intentan contagiárnosla. Y no olvidemos las extensas listas que aparecen en revistas, blogs y webs sobre las maravillas que almacenan los libros. Sin embargo, nadie dice que NO HAY QUE LEER y lo cierto es que existen tres razones básicas para no hacerlo.

NO LEAS, si no necesitas enriquecer tu competencia comunicativa. 

El lenguaje es el vehículo mediante el cual expresamos nuestro pensamiento, es el más poderoso medio de relación interpersonal. Aunque la lectura es uno de los mejores recursos que existen para desarrollarlo y enriquecerlo, si para ti no es importante expresar con precisión lo que piensas NO LEAS.

NO LEAS, si no quieres ampliar horizontes. 

Una manera de ponerse en contacto con lugares, gentes y costumbres lejanas, en el tiempo o en el espacio, es a través de la lectura pero si no te estimula o satisface adquirir conocimientos sobre otras culturas distintas a la tuya, que puedan potenciar tu capacidad de juicio y espíritu crítico, NO LEAS.

NO LEAS, si no te gusta sentirte diferente a los demás. 

Si lees en tu tiempo libre te van a mirar mal porque la lectura es una extraña forma de diversión. Además, es posible que te invada un poderoso deseo de estar en soledad para hacerlo. Si te aficionas a la lectura casi siempre cargarás con un libro y te reirás, llorarás, negarás, asentirás, gesticularás e incluso hablarás con él. Respirarás el olor de sus páginas, lo acariciarás, subrayarás pasajes que parecen estar escritos por o para ti. Acabarás amándolos. Cada vez querrás tener más, los amontonarás y te fastidiará prestarlos por si se pierden. Acudirás a ellos en busca de aquella cita que describe a la perfección lo que necesitas expresar. La reescribirás con tus propias palabras, empezarás a jugar con ellas y tal vez hasta te atrevas a componer un relato o un poema. Si la experiencia te resulta gratificante corres el riesgo de que se convierta en un acto reiterativo y lo que es aún peor: terminarás amando también la escritura. NO, si no quieres sentir todas esas emociones extravagantes, NO LEAS.


(Artículo que me han publicado en The Idealist)






3 de febrero de 2015

Declaración previa

si me callara,
si me pusiera serio;
si dejara
que el sacrosanto pudor
recatara esta dulce merced;
si me fuera quedando como de aquí al olvido;
si decayera mi semblante y me apesadumbrara,
y sosegadamente contenido
no revelara la inesperada gracia;
si lo ocultara;
si me fuera de bruces sobre mí mismo
y me diera contra mi nombre
y fuera la desmemoria de la flor;
si anocheciera,
y ninguna palabra mía diera fe del prodigio,
por tan callando el trance de morir;
si me opusiera a declarar;
si me cerrara en negar
que nada, nada es cierto, sino yo,
dulcemente yo, puntual con mi esqueleto,
y aceptara este resplandeciente temor
a confesar:
¿qué soy, quién soy entonces,
qué he sido sino el del siempre, el mismo,
aquel que sólo ha dicho la verdad
y nada más que la más crudelísima
verdad?
el que este día amanecido
fúlgido de vejez,
maravillado de regresar,
el que, ahora,
simple y sencillamente, se levanta,
compone el pecho desvencijado
y declara,
con un temblor de voz en lo que queda de palabra,
diecinueve de enero, dos puntos,
sólo era que
te amo.

Abigael Bohórquez




22 de enero de 2015

Puntos suspensivos...


La poesía huye, a veces, de los libros para anidar extramuros en la calle, en el silencio, en los sueños, en la piel, en los escombros, incluso en la basura.


Lo peor del amor, cuando termina,
son las habitaciones ventiladas,
el solo de pijamas con sordina,
la adrenalina en camas separadas.

Lo malo del después son los despojos
que embalsaman los pájaros del sueño,
los teléfonos que hablan con los ojos,
el sístole sin diástole ni dueño.

Lo más ingrato es encalar la casa,
remendar las virtudes veniales,
condenar a galeras los archivos.

Lo atroz de la pasión es cuando pasa,
cuando, al punto final de los finales,
no le siguen dos puntos suspensivos.

"Lo peor del amor" Joaquín Sabina









5 de enero de 2015

Selene y Endimión





En una noche mágica, como la de hoy, Selene (la luna) paseaba con su carruaje por el cielo y su luz penetró en la gruta donde reposaba Endimión. La diosa, juguetona y curiosa, descendió desde el cielo, se adentró en la cueva, lo miró y la sonrisa dormida que vio en aquel rostro la cautivó. Se acercó más, lo respiró y osó besar sus pétalos de miel consiguiendo que el tibio roce de sus labios despertara al muchacho. Noche clara de luna llena...

Selene subió al Olimpo y suplicó a Zeus que concediera un deseo a su amado, ruego ante el que el gran dios accedió. El pastor, temeroso de hacerse viejo ante su eterna diosa, deseó poder dormir un sueño perpetuo del que solo despertaría para recibir a Selene.

Desde entonces, la luna visita a su amante dormido cada noche.

¡Feliz noche de Reyes con luna llena!