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20 de junio de 2015

Entre Escila y Caribdis



«¿Recuerdas aquel ratón moribundo? Una voz deshilachada. Sí, le digo. ¿Lo recuerdas? Mi padre, con los restos de su voz de siempre. Sí, le digo. ¿Lo recuerdas? Sí. Ahora es mi voz la que se fragmenta. Y mi memoria rescata la imagen de mi padre tocando el ratón con el pie para ver si aún vivía: un cuerpo indefenso estremeciéndose. Y entonces mi padre que clava la mirada en el pequeño animal, lo rodea nervioso, niega con la cabeza repetidamente. Lo que sigue es el chasquido del cuerpo indefenso contra una tapia. ¿Y aquella paloma? Sí, también. Y la memoria recupera variaciones de lo mismo: la paloma y su cuello medio quebrado, mi padre mirándola primero, rodeándola y negando con la cabeza después, cogiendo una barra de hierro. Y mi mano estirándole el brazo, que no lo hiciera. Su voz musitando que debía hacerlo. ¿Lo entiendes, verdad? Sí, claro.  Y ahora soy yo quien fija la mirada en un cuerpo indefenso, quien niega con la cabeza repetidas veces, quien empieza a rodear nervioso la cama donde mi padre suplica ser aquel ratón o aquella paloma de hace treinta años».


Del libro de microrrelatos "El oscuro relieve del tiempo" de Iván Teruel Cáceres (Edicions Cal·lígraf).







8 comentarios:

  1. En ocasiones lo más duro puede ser lo más liberador...
    Saludos afectuosos

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    1. Sí, sucede a menudo Alondra.
      Un abrazo.

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  2. Amiga eRRe, Petrarca ya advirtió del peligro, decía que entre Escila y Caribdis había perdido sus dos bienes: el arte y la razón. A veces son turbulentas las aguas del estrecho de Mesina.
    El arte y la razón navegan entre Escila y Caribdis y no sabemos cual es el rumbo.
    ¿Hasta donde llega la razón? ... ¿Y cuáles son los límites del arte?
    La nave fletada con cargamentos tan delicados debe sortear los escollos y preservarse del canto de las Sirenas.
    La creación artística debe liberarse de cargas pesadas, de futilidades y banalidades, de monsergas, pamplinas, farsas y pataratas. El arte, como expresión de la existencia humana, debe liberarse de todo lo superfluo y, sin ninguna carga pesada, debe expresarse sin limitaciones y atravesar el fatídico estrecho.
    Sin embargo, desnudar irracionalmente la forma artística, sin intervención en los contenidos, tiene un peligro: podemos acabar haciendo un arte empobrecido y no llegar a nada, eliminando así toda forma de expresión. Esto no es el Less is more que postulaba Wright, esto es el minimal art caprichoso que anda recargado de vaciedad. Es un barroco de silencios.
    Es peligroso que se confunda gravedad con austeridad cartujana. Es peligrosa la negación total de la forma.
    La expresión de la esencia íntima de las cosas es desnuda y al mismo tiempo rica como la luz de una vida joven que nos deslumbra. Como la Beatrice del Ponte Vecchio.
    El riesgo es que la sensiblería aniquile la vitalidad de nuestro mundo antiguo y que la racionalidad de nuestra cultura clásica quede anulada y que todo se convierta en tristeza. La sensiblería empobrece la mente. Empobrece el arte y la razón.
    Cuando de la realidad en sustrae la forma, todo queda reducido a un puro dato estadístico.
    El puro dato es lo que manejan tan bien los idiotas del dolor.
    Un abrazo
    Francesc Cornadó

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    1. Amigo Francesc, cuando aparecen nuevas tendencias artísticas siempre lo hacen acompañadas de adeptos y de detractores, casi por partes iguales. Esto ha sucedido a lo largo de la historia y es lo que ocurre actualmente con esta nueva corriente (o no tan nueva) de autores que defienden una escritura desnuda de artificio para expresar lo que habita en sus entrañas y que postulan una literatura poco amable, en cuanto a temática se refiere.

      En el caso que nos ocupa, creo que Iván ha optado por crear unos relatos desprovistos de ropajes retóricos precisamente para que forma y contenido vayan de la mano: presenta unas situaciones crudas —reales o no, pero en todo caso verosímiles— sin artificios retóricos (de forma cruda), concentrando toda la tensión en su estructura.

      Creo que en el arte todos los temas tienen cabida y la tristeza o el dolor, como la belleza, es uno más. Ya ves que nos hallamos de nuevo en el estrecho de Mesina.

      Un abrazo.

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  3. Las vueltas de la vida, el que fue un día Dios que destrozaba y liberaba su energía -no permitiendo un solo segundo de piedad-. Ese mismo ser se transforma en víctima por el paso del tiempo en el cuerpo.
    Un abrazo eRRe.

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    1. No deja de ser curioso las diferentes interpretaciones que pueden realizarse de un mismo texto. Gracias por tu visita y tu comentario, Taty. Un abrazo.

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