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4 de diciembre de 2015

Espiral





Una camina y camina. Cree que avanza hasta que un día le falta el aire de tanto andar sobre el mismo suelo. Entonces se detiene. Se detiene y cierra los ojos. Cierra los ojos e inhala. Inhala y mastica el polvo que le cubre la boca. Y siente sed, pero la cantimplora que le cuelga del cuello hace mucho tiempo que está vacía. La necesidad de agua es lo que la obliga, por fin, a desviarse del árido camino por el que han circulado sus días.

Pero la búsqueda no resulta fácil. Hay que nadar a contracorriente, hundirse en pozos profundos, revolcarse en ciénagas de lágrimas, empaparse en sudor. Buscar, buscar y buscar hasta encontrar la fuente en la que beber sin que te duela la barriga.

Después, cuando siente que llega la calma, se sienta bajo la sombra de un pino y observa contemplativa el camino que ha abandonado. Ve pasar uno a uno a los personajes que protagonizaron su vida. Actores distintos repitiendo el mismo papel. Remake tras remake con sutiles cambios en el guión. Uno cubriendo con pétalos de rosas la entrada, otro pintando los barrotes dorados, todos abocados al mismo fin: enjaular al pájaro que, asustado, alza el vuelo. Huye del nido para caer, con el tiempo, en las garras de un nuevo depredador.

“Hubiera tenido que volar más alto para haberlos visto venir”, se lamenta inútilmente. Cree haber entendido el problema y que no volverá a cometer el mismo error, pero lo cierto es que seguirá aleteando, alzándose apenas unos metros del suelo. Aún no sabe que el alquitrán que lleva incrustado en el cuerpo le seguirá impidiendo elevarse más. Mancha negra milenaria que pesa una eternidad. Y vuelve a la lucha. De nuevo se rompe las uñas escarbando en la lúgubre cueva de su pasado en busca del candil que ilumine el camino para no volver a tropezar.

El deseo de encontrar a una imaginaria raza nueva la llevará a navegar por territorios desconocidos. Cuando piense haberla encontrado se mezclará con ella. Los aborígenes la invitarán a café y mientras miran su escote le hablarán del inevitable desgaste conyugal que los lleva a frecuentar el país de las mariposas. Se fundirá con ellos bajo clandestinas sábanas blancas. Se mimetizará y durante un tiempo sentirá el viento fresco en la mejilla hasta que los vaivenes de la montaña rusa de las emociones en una sacudida la lancen al vacío.

Entonces llegará de nuevo la duda y tras ella el regreso a la cueva para volver a salir aleteando hacia su hábitat de reivindicada, o ciegamente autoimpuesta, libertad.

*  *  *

Tándem:

Ilustra: Roger Velàzquez
Escribe: Rita Rodríguez

Esta es una versión reducida del texto, y la ilustración, que hemos enviado a un concurso para equipos creativos. El lema común era "la lucha contra el monstruo" y el elemento visual que debía aparecer en la ilustración "círculo vicioso". No hemos ganado pero nos hemos divertido muchísimo.



6 comentarios:

  1. ¿Qué no te han dado el premio!? había tongo, seguro.
    Conforme lo iba leyendo la boca se me iba abriendo cada vez más.
    ¡Qué maravilla de expresión , que me ha metido en un hoyo de alquitrán!

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    1. Muchas gracias Tracy, me alegro de que te haya gustado. No sé si había tongo pero todo es posible, jajaja.

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  2. Me gustó el relato.Erre. Bueno, no ganastes, pero ya sabes que en eso de los concursos, es bastante complicado llevarse un premio y no precisamente porque el trabajo sea malo, ni mucho menos. Existe mucho interes creado y otras tantas cosas, a veces, también los "padrinos" juegan a favor de uno y si no existen...

    Te mando un sincero abrazo, y mi felicitación a pesar de no haber ganado

    Fina

    Fina

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    1. Gracias Fina. El concurso ha sido la excusa para unirnos y trabajar a dos (bueno cuatro) manos mostrando en distintas formas artísticas una misma idea. Eso ha sido lo verdaderamente enriquecedor y divertido.

      Otro abrazo de vuelta muy fuerte para ti.

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  3. Te iba leyendo y veía pasar la vida, siempre luchando por volar al sur y siempre cometiendo los mismos errores que dejándonos aprisionar en una jaula, por amor, por miedo, por convencionalismos sociales, por responsabilidad, por tantas y tantas cosas que al final nuestras alas apenas pueden dar un paseo de ida y vuelta.
    No sé como eran los otros cuentos pero este además de bien escrito, hace pensar y eso hace mucha falta hoy que nos dejamos llevar por luces de neón.
    Un abrazo afectuoso

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    1. Gracias Alondra. Si la lectura del relato, en algún momento, te ha hecho reflexionar sobre algunos aspectos de tu vida me siento más que satisfecha de haberlo escrito. Un abrazo muy fuerte.

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Gracias por dejar tu huella en este blog.